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SERGIO BUSTAMANTE  
Uno de los recuerdos mas vívidos de mi niñez fue la sensación de poder volar. De once años en el clima abrasador de Sinaloa y rodeado de un cúmulo de fantasías, sentía que volaba transformado en personaje de mis lecturas, obsesionado por héroes y espadachines, me entregaba a esa imaginación liberadora. Sin entonces siquiera poder imaginar que eso era ya parte del ejercicio creativo al que mas tarde me dedicaría. Hoy en día, que me siento en mi mesa de trabajo, nacen con papel y lápiz, objetos y personajes que he traído entre el corazón y los ojos durante muchos años (por más que se diga que eso se guarda en el inconciente) recuerdos entintados de un pasado lejano, al que amo y canto. Patinados de borrosas tristezas o recuerdos de un pasado reciente tan sublime como un beso frente al mar. ¿Se llamara inspiración el traer sueños del pasado?... ¿Pintar, dibujar, diseñarlas serán quizás las formas increíblemente privadas de ser tu mismo y sin un mínimo de pudor mostrar las perlas que has guardado en lo mas profundo de tu ser?.. Tu Jardín de las delicias?... ¿ O será la inspiración una inconmensurable soledad con la que nacemos?...

En esta gran familia de objetos y personajes los hay de fuerte carácter, demandantes de su propia luz que nacen pidiendo oro, plata y color, otros piden (como el bronce) una elegante austeridad… pero yo que los conozco como si fueran mis hijos se que tienen su propia música y que son muy sensibles al amor.

Estos seres algunos inexplicables a la vista, tan naturales al tacto, hablan por si mismos, (hay almas afines que les entienden como el sol), por eso cuando el sol canta todos cantamos. Lo celebramos con ropa de vivos colores que reflejen su luz, ha sido dios y aquí en México le hemos construido templos y pirámides, por eso él ha sido pieza clave en el manto imaginario que cubre mi obra.

Yo aspiro a que mi trabajo pase a ser parte de un legado emocional, tan hermoso como imborrable. Intransferible como un abrazo y tan personal como un sueño. Porque cada obra ha sido reinterpretada (creada) por la mirada de cada observador (y como en el enamoramiento) ha visto lo que ha querido ver, dándole a la obra un valor espiritual incomparable en términos de dinero.

Ser mexicano ha sido para mí, una bendición. México me ha hecho eternamente niño siempre viajando (como mis personajes) en un pez. Con una imaginación como la sonrisa de una sandia. Solo agarrando la bicicleta que nunca tuve abrazado a una nube, extrañando una familia, ilusionado con el amor, rodeado por mis personajes que salpican los colores de México y que expresan a su modo lo que es y ha sido ser mexicano.